La carta
Escrita por la IA en segunda persona, con el apodo y los detalles que le diste. Cambiás cualquier palabra antes de mandarla.
Ma,
Me decís «llevate una campera» desde que tengo doce años. Te dije que no unas cuatrocientas veces y unas cuatrocientas veces me cagué de frío. Sigo saliendo sin campera y vos seguís avisándome. Ninguno de los dos va a cambiar.
Cuando algo me sale mal hacés milanesas con papas. No preguntás nada, no decís nada, aparece el plato. Tardé como veinte años en darme cuenta de que eso era una conversación entera.
Ordeno los cubiertos igual que vos, saco las cosas de la heladera y las miro antes de usarlas igual que vos, y me pongo insoportable cuando alguien llega tarde. Exactamente igual que vos. Me da bronca y también me da gracia.
El año que se complicó todo dormiste tres semanas en el sillón de casa sin que nadie te lo pidiera. No hablamos nunca de eso. Lo estoy hablando ahora.
Tenías razón con lo de los quince, con lo del laburo y con casi todo lo demás. Nunca te lo dije y me parecía que ya era tarde. No era tarde.
Te quiero, ma.