Todo lo que no te digo cuando cortamos el teléfono
12 de junio de 1997
Ma,
Me decís «llevate una campera» desde que tengo doce años. Te dije que no unas cuatrocientas veces y unas cuatrocientas veces me cagué de frío. Sigo saliendo sin campera y vos seguís avisándome. Ninguno de los dos va a cambiar.
Cuando algo me sale mal hacés milanesas con papas. No preguntás nada, no decís nada, aparece el plato. Tardé como veinte años en darme cuenta de que eso era una conversación entera.
Ordeno los cubiertos igual que vos, saco las cosas de la heladera y las miro antes de usarlas igual que vos, y me pongo insoportable cuando alguien llega tarde. Exactamente igual que vos. Me da bronca y también me da gracia.
El año que se complicó todo dormiste tres semanas en el sillón de casa sin que nadie te lo pidiera. No hablamos nunca de eso. Lo estoy hablando ahora.
Tenías razón con lo de los quince, con lo del laburo y con casi todo lo demás. Nunca te lo dije y me parecía que ya era tarde. No era tarde.
Te quiero, ma.
La campera
Veinte años de la misma advertencia y el mismo frío.
Las milanesas
Tu manera de preguntar cómo estoy sin preguntarlo.
La pelea de los quince
Yo tenía razón. No la tenía.
Las tres semanas en el sillón
Nunca hablamos de eso. Acá está, por escrito.
La de los domingos
La que ponías mientras limpiabas y yo odiaba. Ahora la pongo yo.
La del auto
Cantabas mal y fuerte. Sigo pensando que lo hacías a propósito.
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¿Qué me hacés cuando algo me sale mal?
La próxima me llevo la campera.
Para ma
Esto es un ejemplo.
Hacer la mía