Malena, esto es lo que no te digo en voz alta
9 de abril de 2022
Male,
Me acuerdo del bar de Guardia Vieja, vos con la campera verde que te quedaba enorme, yo hablando de trenes durante veinte minutos porque no se me ocurrió otra cosa. Te quedaste. Todavía no entiendo por qué.
Seguís cantando en la ducha con la puerta abierta y seguís desafinando en el mismo estribillo. Me da una vergüenza ajena espectacular y no pienso pedirte que dejes de hacerlo nunca.
El fin de semana del camping fue el peor plan de nuestra vida. Llovió tres días, la carpa se inundó a las dos horas y volvimos con una otitis cada uno. Lo volvería a hacer mañana.
Hay una cosa que hacés que no sabés que hacés: cuando estoy hablando y me trabo, esperás. No completás la frase, no mirás el teléfono. Esperás. Nadie más hace eso.
Lo que más te agradezco es la paciencia con la que me bancás cuando estoy insoportable. No sé cómo lo hacés. No sé si me lo merezco.
Siempre, hasta que te canses.
El bar de Guardia Vieja
Hablé de trenes veinte minutos seguidos y aun así te quedaste.
El primer viaje
Tres días en Mar Azul con una mochila cada uno y cero plan.
El camping sin carpa
Tres días de lluvia y una otitis cada uno. Volveríamos a ir.
La mudanza a Almagro
Doce cajas, un ascensor roto y la primera noche en el piso.
El invierno raro
El año que todo se complicó y vos no te moviste de al lado.
La de la ducha
La que cantás mal con la puerta abierta. Esta va por vos.
La del viaje a Mar Azul
Sonó las cuatro horas de ida porque no bajamos otra.
La del casamiento de tu prima
Bailamos horrible. Hay pruebas.
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¿De qué hablé veinte minutos la primera noche?
Gracias por bancarte los veinte minutos de trenes.
Para Male
Esto es un ejemplo.
Hacer la mía