La carta
Escrita por la IA en segunda persona, con el apodo y los detalles que le diste. Cambiás cualquier palabra antes de mandarla.
Male,
Me acuerdo del bar de Guardia Vieja, vos con la campera verde que te quedaba enorme, yo hablando de trenes durante veinte minutos porque no se me ocurrió otra cosa. Te quedaste. Todavía no entiendo por qué.
Seguís cantando en la ducha con la puerta abierta y seguís desafinando en el mismo estribillo. Me da una vergüenza ajena espectacular y no pienso pedirte que dejes de hacerlo nunca.
El fin de semana del camping fue el peor plan de nuestra vida. Llovió tres días, la carpa se inundó a las dos horas y volvimos con una otitis cada uno. Lo volvería a hacer mañana.
Hay una cosa que hacés que no sabés que hacés: cuando estoy hablando y me trabo, esperás. No completás la frase, no mirás el teléfono. Esperás. Nadie más hace eso.
Lo que más te agradezco es la paciencia con la que me bancás cuando estoy insoportable. No sé cómo lo hacés. No sé si me lo merezco.
Siempre, hasta que te canses.